Soeurs de Saint-Joseph de Cluny
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Algunas cartas

Madre Javouhey ha escrito mucho, a su familia, a sus Hermanas, a eclesiásticos, a autoridades civiles, a otras personas. Las 1136 cartas encontradas han sido recogidas en cinco tomos. Su personalidad, el corazón de su acción, se revelan en esta abundante correspondencia. He aquí algunos extractos.


En 1798, a su padre

"Evítese la tristeza que algún día podría experimentar por no haber permitido a sus hijos seguir su vocación. Hábleme, padre, pero con calma, explíqueme sus motivos; el asunto lo merece. He prometido a Dios consagrar toda mi vida al cuidado de los enfermos y a la instrucción de los niños. Para ese gran acto he escogido el día de San Martín, aniversario de mi nacimiento. ¡Si el Señor me dejase oír de sus labios las siguientes palabras, que serían tan gratas a mi corazón: “¡Hija mía, haz lo que el Señor te inspira, deseo que sea por Su gloria y tu dicha!” Entonces, toda mi vida transcurriría en una continua acción de gracias. Dígamelas, se lo suplico. No podría hacer nada más grande por mí; lo espero del paternal cariño que nos profesa. Sé que no hay para usted dicha comparable a la de hacernos felices. En cuanto a mí puedo asegurarle que nunca lo seré si no accede a mi súplica. Termino, querido padre, esperando de usted esas palabras que serían mi consuelo y su tranquilidad".

En noviembre de 1807, a un jefe de negociado del Ministerio

"Hace nueve años que el Señor me dio a conocer de una manera totalmente extraordinaria pero segura, que me llamaba al estado que he abrazado para instruir a los pobres y educar a los huérfanos. Sólo tenía 17 ó 18 años. Carecía de recursos. Como las comunidades habían sido destruidas por la Revolución, todo parecía hacer imposibles este proyecto. Sin embrago el Señor me daba a conocer su Voluntad de manera tan clara que, después de consultar a las personas más esclarecidas de nuestro país, me animaron a poner manos a la obra, a pesar de las dificultades que encontrase en mi camino".

En marzo de 1822, a su padre

"Acabamos de llegar a Senegal después de una feliz travesía que ha durado 26 días. No podría imaginarse este país; su población es enorme para su extensión. Siento una necesidad extrema de trabajar para hacerles felices; ¡Si supiese qué pocos medios se han tomado hasta ahora para conseguirlo! Voy a empezar con muy poco, pero una fundada esperanza de éxito sostiene mi valor y me hará superar todos los obstáculos".

En septiembre 1822, a su hermana la Madre Mª José

"¡Cuánto amo África!¡Cuántas gracias doy a Dios por haberme traído! Pero, consuélese, pronto volveré a Francia, puesto que así lo queréis, pero no diré adiós a África; regresaré para continuar la gran obra que Dios en su misericordia parece habernos confiado".

En febrero de 1846, a una Hermana que está en Mayote

"Quiero aprovechar la marcha de las Hermanas de Bourbon para enviarles un saludo y pedirles noticias. ¡Cuánto me tarda recibirlas! Sin embargo, no llegarán antes de cinco o seis meses, a no ser que hayan escrito ustedes ya a Gorea. Sea lo que fuere, estén contentas puesto que cumplen la Voluntad de Dios. No las abandonará en las dificultades que puedan encontrar en su camino".

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